Ayer, cuando me acosté, como de costumbre, si no leo, puse la radio, me gusta escuchar alguna tertulia de interés, noticias del día o cualquier programa que capte mi atención, y anoche estaban hablando sobre la amistad, pero nll recuerdo en que emisora, sinceramente.
La amistad es un término ambiguo y que muchos lo utilizan con mucha ligereza.
Hay muchísimas personas, a lo largo de nuestra vida, que denominamos amigos o se autoproclaman amigos. Para salir de fiesta, tomar una copa, ir a cenar, pasar un buen rato, en definitiva, tenemos multitud de personas que nos acompañarán gratamente aunque no sientan demasiada afinación con nosotros, incluso, galantemente dejarán que las cuentas de los locales donde acudamos las saldemos nosotros, agradeciéndonos, eso sí, nuestra amable invitación.
Sin embargo, la vida suele depararnos etapas que no siempre nos gustan y que nos hacen, a veces, pensar que nuestra existencia es de lo más miserable y que las cosas hermosas no pueden llegar a volver a nuestro camino.
En los momentos duros es cuando esos amigos verdaderamente están con nosotros incondicionalmente. Nos cogen de las manos y nos intentan ayudar para salir a flote, no esperan nada a cambio, solamente ver de nuevo una sonrisa en nuestros labios. Son esas personas que cuando necesitamos hablar, se quedan callados a nuestro lado y nos escuchan sin críticas destructivas, no nos dan consejos pero si nos brindan su opinión, sabemos que están con nosotros incluso en la distancia, y sentimos sus abrazos en nuestro corazón.
Esos son los AMIGOS, personas que encontramos en nuestros senderos y que tenemos que mimar con un simple beso o una mirada de complicidad.
Nos aceptan con nuestros defectos y virtudes y no intentan cambiarnos, y si realmente reflexionamos un poco, nos daremos cuenta que una mano nos bastará para saber con los amigos que podemos contar.

UN BESO A MIS AMIGOS.